He aprendido a contar hasta 1000, cuando en realidad solo debería llegar al 10 y parar.
El día nublado cuela al frío por los radiadores de mi habitación y abro las ventanas para que vuelva a escapar a la calle.
Aquí estoy, cruzada de piernas, frente a una mesa blanca, con la luz de la calle amenazando por mi ventana y pidiéndome a gritos que me despoje de mi pijama y salga a la calle a respirar.
No quiero respirar, tengo los pulmones llenos de nicotina y me mantengo viva dentro de estas cuatro paredes.
Una pradera verde y tétrica, contonea su alta hierba frente a mis ojos, quiere seducirme para que salga y me tumbe sobre ella, para que deje rodar mi cuerpo hasta llegar al asfalto.
No quiero dejarme seducir, tengo la mirada lasciva y perversa, no acabará bien.
Una montaña con forma de seno izquierdo, mueve su flora despistando mi concentración, me sugiere con su contoneo y su ermita a modo de angelito sobre mi hombro derecho, susurra 4 "Ave María" para contrarrestar la picardía. Quieren que caiga en la tentación del mal y me someta a su fauna.
No quiero tentación como obstáculo, tengo la cabeza amueblada en una cuesta con huecos peligrosos.
Todo es un laberinto...vivimos en un laberinto, buscando siempre una salida, buscando una solución, a nuestros problemas, a los problemas ajenos...y sin darnos cuenta, terceras personas siempre se endurecen a modo de piedra en el camino, y no dejan que tu día a día sea todo lo relajado que mereces.

No quiero terceras personas, no quiero problemas, no quiero gritos, no quiero portazos, no quiero discusiones, no quiero grifos, ni duchas, ni mal humor...solo quiero ser yo...ser como me levanto, no ser como me transforman.
(Imagen: Keith Haring ---> Tengo una máquina que todos los días me enseña algo nuevo e interesante ;) )