Te invito a cenar en mi jaula de rejilla

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Era 30 de Febrero...


Te invité a cenar en mi jaula de rejilla y aceptaste vagamente.

Mientras depilabas cada esquina de tu piel, caías en la tentación de la infidelidad a ti misma.

Aquella masa viscosa se endurecía rápidamente, tan rápido como lo hacía mi clítoris al sentirte cerca.

Tus manos sudaban solo de pensarme, se mojaban, pero no se humedecían.


Me hubiera encantado verte...

Me hubiera encantado ser público de aquel espectáculo, ser directora de mi propia película, de mi propia pasión, de mi propia tentación.

Me hubiera encantado ser cómplice de mis mirada para ser guionista de la provocación, de la lujuria, de la lascivia...de todo lo sexual que recorría tus sentidos y de todo lo sentimental que guardabas dentro de ti.


Era la fecha y hora fijada, las 25:15 horas.

-Toc, toc. Llamaste a mi jaula


Allí estabas, con mirada deseosa, con respiración agitada, con las manos vacías, con las piernas mojadas, con el vello erizado, con los anillos quitados...


Todo aquello me distrajo...y tardé en darme cuenta...viniste a llamar a la puerta del demonio,con las manos vacías, con las piernas mojadas...y la ropa quitada.


Ahora ven...tómame...hazme tuya...