|

FUERA DE COBERTURA
|

Te invito a cenar en mi jaula de rejilla

|
Era 30 de Febrero...


Te invité a cenar en mi jaula de rejilla y aceptaste vagamente.

Mientras depilabas cada esquina de tu piel, caías en la tentación de la infidelidad a ti misma.

Aquella masa viscosa se endurecía rápidamente, tan rápido como lo hacía mi clítoris al sentirte cerca.

Tus manos sudaban solo de pensarme, se mojaban, pero no se humedecían.


Me hubiera encantado verte...

Me hubiera encantado ser público de aquel espectáculo, ser directora de mi propia película, de mi propia pasión, de mi propia tentación.

Me hubiera encantado ser cómplice de mis mirada para ser guionista de la provocación, de la lujuria, de la lascivia...de todo lo sexual que recorría tus sentidos y de todo lo sentimental que guardabas dentro de ti.


Era la fecha y hora fijada, las 25:15 horas.

-Toc, toc. Llamaste a mi jaula


Allí estabas, con mirada deseosa, con respiración agitada, con las manos vacías, con las piernas mojadas, con el vello erizado, con los anillos quitados...


Todo aquello me distrajo...y tardé en darme cuenta...viniste a llamar a la puerta del demonio,con las manos vacías, con las piernas mojadas...y la ropa quitada.


Ahora ven...tómame...hazme tuya...
|
Tras el último abrazo, tras tocar tus manos levemente por última vez, tras sumergirme entre tu pelo como aquella vez...me desmoroné por completo sobre las marcas que tu coche hicieron sobre la carretera. Seguí con el dedo sus dibujos, me perdí entre las ranuras que me daban salida al mundo exterior y volví a entrar por aquellas que llamaban mi atención. Alargué el brazo, hice caminar a mis dedos, pero tuve que salvarlos de la lluvia que provocaron mis ojos, de un temporal amenazante, de una soledad asfixiante.

Te fuiste con los ojos encharcados de agua salada, notaba como me mirabas, como tus manos me tocaban, como con cada gesto, con cada sentido íbamos a gritar lo mucho que nos necesitábamos, y lo mucho que nos echariamos de menos.


Así es...ya te echo de menos.


Supe entender tu sí y no.


Me quedo con esos lazos de amistad, que tras dos años vuelven...siendo diferentes, especiales y mucho mejores.


No hagas que tire del lazo para avisarte de que sigo aquí.


Poseida por un hombre encantador

|

NO SOY YO...ES ÉL

Antes de ayer me volvió a pasar...


Volviste a mirarme casi a oscuras, entraste en mi habitación para asegurarte de que respiraba al son la lluvia, subiste la persiana para que la luz del día iluminara mis sueños.





Tras un rato de conversación, cuando ya habías conseguido que me espabilara. Te contaba un sueño irreal, en un instante, volví a sentir lo mismo...volví a notar como tus sentidos habían dejado de escucharme, como tus ojos se habían adentrado en los mios, como tus propios ojos te habían engañado haciéndote creer que yo era otra persona... Es entonces cuando reaccionas, un "mamá, ¿estás bien?" te saca de tu mundo de ilusión y pronuncias las palabras mágicas que tan bien me hacen sentir:





-Cariño, que ojos más bonitos, tienes la mirada de tu papá y sus gestos de la cara.




Me resulta raro mirarme al espejo y verlo a él. No recuerdo sus gestos, ni sus ojos... Solo me quedan las palabras de los demás, que me hacen creer a diario que yo soy él.


Y creedme, cuido con sumo cuidado la responsabilidad.
Estoy poseida por un hombre encantador, por unas manos suaves, por unos brazos ni fuertes ni débiles, por unos pies planti-llanos y por unos ojos que hablan en silencio.
Atrapada...atrapada entre testosterona dejo ver al mundo las feromonas de la mujer. Ella para él, morena y ojos marrones. Ella para mi, morena y ojos marrones. ¿Casualidad?
Estoy sumergida en un cuento de hadas donde algunas páginas son pesadillas de la soledad, de un "te echo de menos", de un "¿dónde estás?, de un "¿por qué a mi?"
Estoy poseida por un hombre encantador, soy el reflejo de él.




Ideas desordenadas...demasiado pensar

|
No es que nuestras vidas estén impregnadas de falsedad. Al contrario. Todo cuanto expresamos es cierto. No obstante mentimos. Mentimos callando. Callar puede ser también el mayor de los embustes. Fingimos placidez a pesar de que todo en nosotros sea inquietud. Y fingimos indiferencia, serenidad y calma, cuando por dentro nos rasgan los estallidos de la rebeldía.

A veces nos negamos a aceptar que el amor por esa persona no es eterno. Confundimos la eternidad con los fragmentos de los segundos cósmicos que constituyon nuestro paso por la tierra. Lo cierto, es que nunca vemos que puede ser simple atracción y que cualquier detalle puede disolverlo o convertirlo en odio.

A veces imponemos modos, maneras y protocolos que la otra persona desconoce, y quizá lo hacemos con el único objetivo de dejar claro que esa persona jamás podrá alcanzarlos. Cosas complejas y complicadas.

A veces, sacamos el afán de conquista. Nos gusta gustar. Ser el centro de todas las atenciones. Necesitamos que nos quieran.

A veces acorralamos a nuestros propios problemas entre tu cuerpo y el mío.

A veces, nos marchamos con la verdad dentro, y dejamos a la otra persona con sus verdades y mentiras, sin dar pie a un simple abrazo. Tenemos miedo.

A veces me siento más comprendida por los muertos que por los vivos, y cada vez estoy más convencida de que esa relación mía con los muertos es más estrecha y sincera.

Siempre he pensado que vivir es equivocarse. Todos los días caemos en una equivocación. Lo malo es que somos demasiado soberbios para aceptarlo. Por eso vamos acumulando torpezas y damos tanto valor a los flujos y reflujos que intercambiamos con la gente que nos rodea.
Cuantas veces me he preguntado cómo es posible que yo actuara de aquel modo, sin encontrar la respuesta adecuada.

A veces, me engaño a mi misma; quiero aceptarte tal como eras sin recordar cómo habías sido.

A veces, me pierdo en una habitación verde rodeada de gente a cientos de kilómetros, y me pregunto porqué así y no de otra manera.

Siempre he pensado que con el paso del tiempo lo querido se evapora y no deja ni tan siquiera unos miligramos de soluto para el recuerdo. Quiero llenar una estantería de solutos del recuerdo, un pedacito de él, otro pedacito de ellos, de ellas. Mantenerlos vivos en una disolución inmiscible para nunca poder eliminarlos de mi desordenada cabeza.
|

Mañana...conciertazo de Franz Ferdinand con Mando Diao de teloneros!!! Uuuueeeehhhh!!!
Nervios...nervios...tengo tantas ganas...
Estaré ausente en fin de semana...dejaré caer alguna que otra cosilla cuando las paredes de mi casa se me vengan encima.

3

|



TRES






Ha venido hasta mi una nebulosa brillante, ha entrado por mis oidos y me ha transmitido la magia que mereces.



Un domingo soleado, cerca de las cinco de la tarde mi atención se fijó en ti y apenas me había dado cuenta.



Un mensaje a media tarde mientras el sol doraba mi piel me hizo sonreir de una manera natural y desde entonces una impaciencia voluptuosa me atrapó por saber quien eras de verdad.






Las nueve de la noche era la hora perfecta para ti y para mi, unas historias, unas risas...y casi volando llegaste hasta mi.






Cerré la puerta de casa nerviosa, perfumada, con los ojos pintados y la mirada inquieta.



Llamé al ascensor con ánimo de bajar...y bajé.



Caminaba por la calle, con las manos en los bolsillos, preocupada por mis palabras, ahorcando a la timidez para por fin encontrarte.






Allí estabas. Junto a aquella parada de autobús. Nuestra parada de autobús.






Las glándulas de mi piel se abrieron para respirar el momento y no perder acontecimiento.






Aquello era una locura...locura extendida a tres años. Locura que literalmente nos ha vuelto locas, pero locura que decidí vivir, que he vivido y que quiero seguir viviendo.






Horas más tarde volví a cerrar la misma puerta, con la sensación de haber perdido la gravedad por completo.



Habías intentado irte, agarré tu brazo, me acerqué a ti, intenté besarte, te lo pensaste...y me besaste.






¿Quién dijo que solo la primera vez tiemblan las piernas?






TTTLT